Canto, Poesía... ¡y más!Mezcla tu aroma a sus cansadas cuerdas;
yo sobre ti no inclinaré mi sien,
de miedo, pura flor, que entonces pierdas
tu tesoro de olores y tu bien.
Yo, sin embargo, coroné mi frente
con tu gala en las tardes de abril,
yo te buscaba a orillas de la fuente,
yo te adoraba tímida y gentil.
Porque eras melancólica y perdida
y era perdido y lúgubre mi amor;
y en ti miré el emblema de mi vida,
y mi destino, solitaria flor.
...
Yo busqué la hermandad de la desdicha
en tu cáliz de aroma y soledad,
y a tu ventura asemejé mi dicha
y a tu prisión mi antigua libertad.
...
¡Qué de consuelos a mi pena diste
con tu calma y tu dulce lobreguez,
cuando la mente imaginaba triste
el negro porvenir de la vejez!
...
Heme hoy aquí: ¡cuán otros mis cantares!
¡Cuán otro mi pensar, mi porvenir!
Ya no hay flores que escuchen mis pesares
ni soledad donde poder gemir.
Lo secó todo el soplo de mi aliento
y naufragué con mi doliente amor;
lejos ya de la paz y del contento,
mírame aquí en el valle del dolor.
...
Ven mi tumba a adornar, triste viola,
y embalsama su obscura soledad;
sé de su pobre césped aureola,
con tu vaga y poética beldad.
Quizá al pasar la virgen de los valles,
enamorada y rica en juventud,
por las umbrosas y desiertas calles
do yacerá escondido mi ataúd,
irá a cortar la humilde violeta
y la pondrá en su seno con dolor,
y llorando dirá: "¡Pobre poeta!
¡Ya está callada el arpa del amor!".