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Canto, Poesía... ¡y más! - Índice de Poemas - La violeta

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Flor deliciosa en la memoria mía,
ven mi triste laúd a coronar,
y volverán las trovas de alegría
con sus ecos tal vez a resonar.

Mezcla tu aroma a sus cansadas cuerdas;
yo sobre ti no inclinaré mi sien,
de miedo, pura flor, que entonces pierdas
tu tesoro de olores y tu bien.

Yo, sin embargo, coroné mi frente
con tu gala en las tardes de abril,
yo te buscaba a orillas de la fuente,
yo te adoraba tímida y gentil.

Porque eras melancólica y perdida
y era perdido y lúgubre mi amor;
y en ti miré el emblema de mi vida,
y mi destino, solitaria flor.

Gil Carrasco- La violeta

...

Yo busqué la hermandad de la desdicha
en tu cáliz de aroma y soledad,
y a tu ventura asemejé mi dicha
y a tu prisión mi antigua libertad.

...

¡Qué de consuelos a mi pena diste
con tu calma y tu dulce lobreguez,
cuando la mente imaginaba triste
el negro porvenir de la vejez!

...

Heme hoy aquí: ¡cuán otros mis cantares!
¡Cuán otro mi pensar, mi porvenir!
Ya no hay flores que escuchen mis pesares
ni soledad donde poder gemir.

Gil Carrasco- La violeta Lo secó todo el soplo de mi aliento
y naufragué con mi doliente amor;
lejos ya de la paz y del contento,
mírame aquí en el valle del dolor.

...

Ven mi tumba a adornar, triste viola,
y embalsama su obscura soledad;
sé de su pobre césped aureola,
con tu vaga y poética beldad.

Quizá al pasar la virgen de los valles,
enamorada y rica en juventud,
por las umbrosas y desiertas calles
do yacerá escondido mi ataúd,

irá a cortar la humilde violeta
y la pondrá en su seno con dolor,
y llorando dirá: "¡Pobre poeta!
¡Ya está callada el arpa del amor!".

Enrique Gil y Carrasco, (1815–1846), escritor español recordado especialmente por su novela El señor de Bembibre (1844), es considerado uno de los máximos prosistas del romanticismo, al conjugar lirismo y aventuras con la novela histórica.